• Isaac Román

El poder de lo que escuchas

Sigilosas y astutas. Pasan desapercibidas.

Engañadoras. Te hacen ignorar su efecto.

Simulan ser inocentes pero tienen el poder para destruir imperios.

Dieron a luz todo lo creado pero con ese mismo poder pueden acabar con la vida.

Ellas se meten en tu mente como parásitos, viven de ti, se alimentan de ti, defecan sobre ti y solo mueren cuando tú también lo haces.



Pueden resonar mil veces antes de que encuentres la manera de hacerlas callar.

En tu silencio, gritan.

En tu calma, se agitan.

Pueden ser una distorsión en tu melodía.

Pueden desafinar en tu sinfonía.

Nublan tu visión, te desenfocan.


Pero eres culpable de ellas, no solo su víctima.

Con ellas puedes causar una división o unir al mundo.

Las puedes usar para ahogar una ciudad en el temor o para lanzar un salvavidas de esperanza.

Su naturaleza es el poder.


No puedes culparlas, ellas simplemente son palabras; solo tienen poder cuando las dejas adherirse a tu sistema de pensamiento.

Mientras estén fuera son inofensivas pero una vez que entran son incontrolables.


Son más infecciosas que cualquier pandemia.

Más letales que cualquier arma.

Pero pasan desapercibidas.

Desfilan frente a tus oídos con bandera de paz, vestidas de información pertinente, sonríen y se ofrecen a satisfacer tu curiosidad natural, pero si las dejas unos segundos se hacen uno contigo, depositan sus huevecillos en tu sistema neuronal y después de ahí te será muy difícil sacarlas.


Empezarás a vivir según lo dictan ellas. Harás lo que te digan.

Serás esclavo de su naturaleza y su efecto impregnará cada decisión que tomes.

Te caracterizarán. Determinarán tu personalidad. Moldearán tu carácter y afectarán tus relaciones.

Se meterán en todo lo que haces porque se harán parte de tu sangre, de tu esencia, de tu ADN.


Cuida muy bien lo que escuchas. Esas palabras anidadas en tu mente pueden cambiarte la vida. Pueden hacerte ver una realidad que no existe.

Pueden enfermarte.

Pueden sanarte.

Pueden cambiarte.


Hoy más que nunca aprende a escuchar.

Seguramente oirás todo lo que se dice a tu alrededor pero cuando escuchas, anidas las palabras en tu alma.

Por eso, aunque oigas todo selecciona lo que escuchas.

Las noticias que se visten de inocente información podrían llevarte a la destrucción.

Lo que escuchas podría llenarte de desconfianza o podría inspirarte esperanza.

Podría volverte prisionero del pánico o podría devolverte el ánimo.

Podría llevarte al borde del caos o ponerte en la cima de la fe.


Cuida las palabras que escuchas.

Aprende a escuchar. Porque cuando aprendes a escuchar comprendes de qué se alimenta la mente, cómo se construyen los sueños y cómo se afirma la identidad. Son palabras, códigos que transferimos a nuestro sistema de vida y se vuelven parte determinante de quiénes somos, de qué creemos y de cómo vivimos.


Cuida lo que hablas.

Aprende a hablar. Aprende a compartir tus palabras. Cárgalas de esperanza. Llénalas de motivación. Transmite vida.

Las palabras que digas, las palabras que escribas pueden salvar una vida o destruirla. Contribuye al contrapeso que el mundo necesita, basta de basura, de mentiras, de malas noticias.

Revierte los pronósticos pesimistas. Declara palabras de fortaleza. Porque sí podemos. Ya salimos de otras, saldremos también de esta.


Nos tenemos a nosotros, pero además tenemos a la palabra encarnada, al Verbo hecho carne. A aquel que en la creación emitió palabras que produjeron vida.

Él estaba con Dios en el principio. Por medio de Él todas las cosas fueron creadas; sin Él, nada de lo creado llegó a existir. En Él estaba la vida y la vida era la luz de la humanidad.

Contigo está el Verbo. Usa el poder de la palabra. Edifica nuevas columnas de paz, nuevas conexiones de confianza, nuevas vías de comunión, mejores materiales de tolerancia, construye nuevas edificaciones de fe.


Llenemos al mundo de sueños, de buenas noticias porque ¡Cuán hermosos son, sobre los montes, los pies del que trae buenas nuevas! Los pies del que anuncia la paz, del que trae buenas noticias, del que anuncia salvación; del que le dice a la nación: ¡Tu Dios reina!


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